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 .::Ficha de la que maneja los hilos::.

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Minos
Kyoto de Grifo
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Surplice de Grifo
Fecha de inscripción : 28/12/2010
Edad : 30

MensajeTema: .::Ficha de la que maneja los hilos::.   Mar Dic 28, 2010 10:14 am



Nombre del Juez: Minos
Nombre del envase humano: Minos Kattalakis
Edad : Indefinida
Edad humana:16 años
Rango: Juez del Inframundo
Surplice: Grifo
Lugar: Estrella Celeste de la nobleza
Ubicacion: Tercera esfera: La Ptolomea
Procedencia: Oslo (Noruega)
Procedencia del envase humano: Grecia
Altura con las botas: 1.65 mts Altura real: 1.58 mts
Peso: 52 kgs

Complexión física: Es delgada y voluptuosa, pero de cuerpo pequeño. A pesar de eso su musculatura es firme por su entrenamiento que hacia para teatro, aunque conserva algunas cicatrices viejas de su cuerpo anterior, producto de las multiples violaciones y cortes. No es muy alta pero lo disimula bastante cuando tiene puesta su armadura.

Vestimenta:Generalmente esta vestida con su armadura oscura, pero a pesar de eso, si tiene oportunidad vuelve a vestirse como lo hacia mientras que era humana. Generalmente con algun vaquero y camiseta sin mangas. O Camisa. Depende de su estado de animo

Carácter: Tiene un caracter especial. Todo depende de su animo. Por lo general siempre esta tranquila. Pero esta totalmente desquiciada. Asi que puede ir desde la violencia hasta la calma y viceversa en segundos. Aunque la mayor parte del tiempo permanece en un estado de locura delirante.

Comportamiento: Tiende a mostrarse delirante. No habla de manera coherente y siempre intercala comentarios fuera de lugar cuando habla. Nunca se sabe cuando dice algo en serio, y constantemente se mueve como si estuviese perdida o muerta. Tiene a dejar los brazos colgando y molestar a los demas cuando esta aburrida. A pesar de que la estrella que la guia quiere seguir a Hades, tiene un conflicto muy grande con el envase que ahora porta su alma que lo odia por completo.



Historia:

Durante toda mi vida, siempre había tenido todo lo que había deseado. Mis padres me daban amor y me mimaban en exceso. Tenia buenas notas aunque no estudiara. Por algún motivo todos me seguían siempre haciéndome popular, y eso me encantaba. Siempre había llamado la atención por mi cabello blanco y mis ojos ámbar. Llevaba una vida vanidosa y superficial y al principio me encantaba, pero con el pasar de los años, el gusto vacío que dejaba comenzó a hartarme.

Cuando llegue a la secundaria, en mi primavera de los 14 años, conocí al amor de mi vida. El tenía 3 años más que yo. Tenia cabello negro y ojos castaños. Un cuerpo atlético y una sonrisa compradora. Estaba en el último año de la escuela, y en el equipo de basket. Me enamore a primera vista de el.

Todos los días lo veía jugar mientras nosotras practicábamos y por las noches le pedía a las estrellas que hicieran que me hablara. Nunca pensé que eso iba a suceder hasta que una mañana se me acerco y me hablo. Solo recuerdo su tono profundo de voz y su sonrisa deslumbrante y la frase que tanto había esperado.

“Eres muy linda, mi nombre es Max… y me gustaría que saliéramos”

Asentí como una boba sin poder articular palabra. Si hubiese sabido lo que iba a suceder luego no le hubiese dicho nada y me habría alejado, pero la vida es cruel. Pasamos medio año en total tranquilidad.

Yo estudiaba teatro. Era buena para eso, condenadamente buena, y lo demostraba. Tenía mucho talento y facilidad para interpretar cualquier personaje que me propusiera. Una niña, una loca, una anciana, una asesina…

Mi profesor siempre me decía que era especial. Que había más en mí de lo que todos veían. Y yo le creía. Me llevaba bien con el. Tenia cabello negro y ojos ámbar como yo. Era alto y bien parecido. Y ponía todo su empeño en que yo aprendiera bien a desarrollar mis papeles.

Pasaba mucho tiempo ensayando y con mis compañeros de teatro. Me gustaba que todos me mimaban y admiraran mi trabajo.

Vivía con mis padres ya que era hija única. Ellos me habían enseñado a que el respeto se ganaba y no se imponía. Que no debía dejarme basurear por alguien solo por que era más fuerte que yo. Me habían enseñado todo lo bueno que podían y se los agradecía.

Una tarde mientras salía de la escuela, vi a un par de los compañeros de Max reunidos afuera. Me acerque a saludarlos y para preguntarles donde estaba el cuando lo oí.

-Max iba a verse con Nahir. Realmente no entiendo por que sale con esa nena de 14…-

Me quede helada al escuchar lo que habían dicho. No podía ser cierto que me engañaba. Sentía las lagrimas acumularse en mis ojos pero me negaba a llorar hasta verlo con mis propios ojos, pero algo en mi corazón me decía que era cierto.

Di media vuelta y me volví a mi casa caminando. Estaba bastante lejos pero necesitaba pensar y el aire. Tenia un mal presentimiento y un nudo en el estomago que no podía quitar con nada. Cuando llegue a mi casa me di cuenta por que. Estaba lleno de policías, un vehiculo forense, ambulancias y bomberos. Había un cordón policial, y un grupo de personas mirando al interior mientras la policía impedía el paso. Sentí como mi corazón se paralizaba al pensar que algo malo podría haber ocurrido. Me acerque a un policía y le mostré el documento diciéndole que vivía allí y me dejo pasar. Ahora hubiese preferido que no lo hiciera. Del interior salieron varias personas con unas camillas, cubiertas por unas bolsas negras. Escuchaba las palabras vagas del policía a mi lado que decía algo de robo y asesinato. Sentía como las lagrimas corrían por mis mejillas mientras observaba como se llevaban las bolsas y yo no reaccionaba. Había perdido a mis padres y ni siquiera me había podido despedir de ellos. Grite con todas mis fuerzas mientras lloraba. Volví a gritar una y otra vez de manera desgarradora hasta que sentía mi garganta al rojo vivo. Me deje caer arrodillada al suelo mientras cubría mi rostro con las manos. Quería morirme. Yo también quería morirme y acompañarlos. Me sentía sola y vacía. Fría. Unas manos me tomaron en brazos y me llevaron a la casa donde me sentaron en un sofá y me dieron un calmante hasta que me dormí.

Cuando abrí los ojos, escuchaba la voz de Max en alguna parte. Me puse de pie y la seguí hasta encontrarlo en la cocina besando a otra chica. Había tres amigos de el que estaban ahí.

-Mira Max, el pajarito despertó…-

El se rió de la burla mientras acariciaba a la chica que tenia a su lado.

-Max… ¿Qué es esto? ¿Quién es ella? ¿Qué hacen aquí? ¿Por qué me haces esto?-

Las preguntas salían una tras otra de mi garganta sin poder contenerlas. El puso una expresión asqueada y molesta.

-Ya cállenla, no soporto mas escucharla…-

Me quede helada ante sus palabras frías. Sentí las manos de sus amigos agarrarme de los brazos y piernas, mientras otro me tapaba la boca. Mi cuerpo temblaba de manera violenta mientras me desvestían y me manoseaban. Las lágrimas caían por mis mejillas mientras sabia lo que iba a pasar. Desvié la vista para verlo a Max, para que se apiadara de mi pero el estaba teniendo sexo con aquella chica en mi propia casa y me miraba con expresión burlona.

Lo único que recuerdo de eso es el dolor. La suciedad que sentí en mi cuerpo. El odio. Se habían divertido conmigo durante horas mientras el solamente observaba. Me habían cortado, golpeado y violado tantas veces que había perdido la cuenta.

Me sentía atontada. Recordaba que me habían bañado y cambiado y sacado de la casa para llevarme a algún lugar. Un enorme edificio blanco. Lo escucha a Max murmurar algo así como ataque de histeria, depresión e intento de suicidio. Y como otros brazos me habían agarrado. Lo mire unos instantes, intentando enfocar bien la vista en el.

-Juro… que me voy a vengar…-

Le susurre mientras me llevaban para un cuarto cerrado. Ahí caí en la cuenta de que estaba en un manicomio. Me había declarado loca después de lo que me hicieron. Y yo no quería estar allí, no estaba loca. Les dije una y otra vez lo que había pasado pero nadie me creía. Fue entonces donde las palabras de mi profesor resonaron en mi cabeza.

“La vida es un escenario y la gente que pasa por ella son espectadores. Y tú eres una Actriz. Tu tienes que hacerles creer el papel que tu quieras que ellos crean…”

Si ellos pensaban que estaba loca, entonces así iba a serlo. Me pasaban los días hablándole a las paredes. Murmurando por lo bajo. Varias veces me habían puesto un chaleco de fuerza y me habían encerrado en aislamiento por distintos ataques de histeria y agresividad. Para mi completa sorpresa Max venia a verme, aunque solo lo hacia para burlarse pensando que yo no lo oía. Pobre idiota. El no sentía culpa alguna por lo que me había hecho, pero yo me iba a encargar que sufriera. Solo tenia que esperar.

Así pase un año y medio internada haciéndome pasar por loca. En el ultimo tiempo ni siquiera me ponían el chaleco, simplemente me dejaban estar. Quien iba a sospechar de la pequeña Minos.

Una tarde el vino a visitarme y me dijo que iba a dejar de hacerlo. Que se había aburrido de hablar solo con una loca. Ahí fue donde lo decidí. Había pasado demasiado tiempo para cumplir mi venganza.

Una tarde aproveche una distracción de una enfermera para tomar un bisturí de una de las salas. Poco a poco me acercaba al momento de la verdad.

Cuando Max vino a verme, decidí que había llegado el momento en el que tenia que pagar por lo que me había hecho. Me saludo como siempre, burlándose de mi condición. Me sonríe mientras lo miraba desde la pared donde siempre estaba.

-Hoy será el ultimo día que te burles Max… Sabes, no es tan malo estar aquí si te portas bien. Y claro, quien iba a prestarle atención a la pequeña Minos… Y tú, hoy vas a pagar lo que me hiciste. – Observe su cara de sorpresa - ¿Sorprendido? No estoy loca. Estoy muy cuerda, simplemente me limite a actuar y dejar que los demás creyeran.

Me puse de pie y camine hacia el. Todavía estaba sorprendido cuando saque el bisturí de entre mi ropa. Enseñándoselo. Tal como ellos me habían cortado el día que me violaron, le hice un corte en el brazo y en el pecho antes de que me agarrara la mano. Me sonreí escondiendo la mirada en el flequillo. Comencé a forcejear. Escuchaba sus palabras de que me detuviera pero no iba a hacerlo. Me había tomado un año y medio de planificación llevar a cabo esta venganza.

Todo fue rápido entre los forcejeos. Sentí como el bisturí se hundió en la carne, empapando las ropas, poco a poco, de sangre pegajosa y calida. Vi su mirada sorprendida y aterrorizada mientras bajaba la vista a mi abdomen donde la mancha roja se extendía. Me apoye la mano sobre la herida dejando que la sangre manchara mi piel. Lo observe de manera acusadora.

-Tú… dejaste que me violaran cuando tenía 14 años… y ahora… me mataste… Vas a vivir con la culpa toda tu vida…-

Le dije mientras sentía mi cuerpo desplomarse en el suelo. Me sonreí con satisfacción mientras veía su expresión horrorizada. Grito pidiendo ayuda. Hice una mueca por el dolor, mientras las lágrimas caían por mis mejillas. Era doloroso sentir como perdía la vida. Pero estaba en paz. Había conseguido mi objetivo y ahora podría estar con mis padres finalmente.

Sentí los últimos momentos mientras intentaban salvarme hasta que todo se quedo en una negra paz y quietud.

Flotaba en la nada. Me sentía feliz. Completa. Había conseguido mi objetivo y ahora disfrutaba del merecido descanso.

Durante un tiempo estuve así, no se cuanto por que no tenia consciencia de nada, pero algo interrumpió esa felicidad y calma. Una voz siniestra, imperiosa.

-Minos… vuelve a la vida y sírveme como lo has hecho a través de los siglos… Cumple con tu deber con el dios Hades…-

No quería hacer algo así. Estaba bien donde me encontraba. No quería servir a nadie. Lo grite pero no obtuve respuesta. Solo sentí el dolor de ser tironeada y arracada de esa paz donde estaba con mis padres.

El dolor de mi cuerpo que volvía a la vida, de los órganos comenzar a funcionar. El corazón me latía tan fuerte que pensé que explotaría en mi pecho. La sangre recorría mis venas como lava liquida, quemándome por dentro. Grite de dolor. Llore. Mis entrañas se retorcían del hambre. Mis labios agrietados por la sed estaban tensos. La piel sobre mi cuerpo tiraba y se cortaba mientras todo volvía a la vida. Volví a gritar.

Abrí los ojos, boqueando por el aire que entraba en mis pulmones, calmando la sensación de fuego ardiente que amenazaba con consumirme. Tenia el cabello sucio sobre el rostro, mientras miraba a través de las hebras blancas al hombre que estaba delante mío. Imponente. Siniestro. De mirada cruel y vacía. Sus ojos eran una promesa de muerte. Me estremecí mientras extendía la mano para que una armadura negra me cubriera. No quería servirlo. No quería volver a la vida, quería que me regresaran a la calidez en donde me encontraba. Lo odiaba por haberme sacado de mi paz y haberme arrancado de mis padres.

“Mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos aun mas cerca”

Las palabras de aquel hombre resonaban en mi cabeza. Tenia razón, el me había arrebatado la paz que había conseguido. Un nuevo acto comenzaba para mí. Me sonreí de manera siniestra, enfocando la mirada perdida en algún punto cercano a el. Deje escapar una carcajada leve mientras me ponía de pie balanceándome. Los brazos colgaban delante mío como si fuesen de gelatina. El flequillo sucio me llegaba a la nariz y ocultaba mi mirada perdida. El cabello blanco manchado con barro y hojas podridas caía sobre aquella armadura negra impecable. Mi cuerpo se mecía como un junco frente a una brisa.

-Si Amo…-

Le respondí en tono suave con un dejo cantarín, mientras el comenzaba a caminar. Volví a sonreírme de manera siniestra mientras lo seguía como un buen perrito que ha perdido la cordura. Después de todo… ¿Quién va a desconfiar de la pequeña y loca Minos?

El telón se ha levantado…
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