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 ::La prisión de las Llamas Negras::

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Aiacos

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MensajeTema: ::La prisión de las Llamas Negras::   Dom Feb 05, 2012 9:13 am

No era tan extraño ver a Aiacos fuera de su barco. Pero sí lo era el que estuviese, momentáneamente, tan tranquilo. Se encontraba ahora en Antenora, bebiendo una copa de vino. Ah, sí, le gustaba la buena vida, los lujos y cualquier cosa pecaminosa que le revistiese agrado. Extrañamente, había un aroma en el aire que parecía viciarlo por momentos. Como si oliese a algo quemado, achicharrado.

Instantes antes, por mera diversión, había hecho arder hasta la saciedad a uno de sus súbditos. De sus esclavos. Si había algo que el Juez de Garuda no toleraba esa era la incompetencia. Y sus soldados eran suyos. Sus posesiones. Meros pedazos de carne que controlaba a través del miedo y la desesperación.

Y le encantaba.

Todavía quedaban algunos retazos de llamas negras en el aire, apenas pequeñas ascuas de lo que antes había sido una hecatombe. El hombre se relamió, con una sonrisa satisfecha y depredadora. Seguidamente, el eco de sus pasos, metálicos por portar la Sapuri de la Garuda, se fue alejando hasta la parte más profunda de Antenora. El Templo del Juez Garuda era sobrio, aunque no escatimaba en alguna que otra riqueza. Estatuas de aves, otras más grotescas, de seres mitológicos alados. Él era el Rey de todos ellos. Al lado de su trono, del trono del Rey de los cielos, se erigía una especie de apoyadero de madera engarzada en oro, sobre la que descansaba una imponente ave rapaz: un águila.

Ave a la cual le entregó un pedazo sanguinolento de carne, que el animal emplumado aceptó con gusto y voracidad. Con elegancia, pero al mismo tiempo con un deje arrabalero, se sentó en aquel lugar solo hecho para él, engarzado en oscuras piedras y algún que otro mullido tapiz.

Sus ojos ámbar refulgían, como dos teas ardientes, entre la penumbra.
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Minos
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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Lun Feb 06, 2012 11:28 pm

La eternidad, era aburrida. Estaba sola en aquella esfera y me aburría sobremanera. Arrastrando los pies comienzo a caminar sin un rumbo fijo. Con la mirada enfocada en algún punto del paisaje.

Después de un rato de la misma manera, una edificación se erige ante mi. Un templo conocido y lúgubre La esfera del señor de las Aves... Pfff... eso sonaba extremadamente patético.. Riéndome por lo bajo avanzo unos pasos mas para poder ingresar al interior.

El olor a carne quemada se hacia presente. Se traducía a que Aiacos había perdido la paciencia con alguien mas y había decidido hacer una barbacoa innecesaria.

Continuo avanzando, murmurando por lo bajo palabras sin sentido y sin coherencia. De manera apenas audible mientras el sonido de las botas metálicas de mi armadura hace eco en aquel sitio.

-Parece que te has divertido y no has invitado a nadie a tu fiesta cuidador de pájaros..-

Comento en tono alto y algo divertido. Arrastrando levemente las palabras mientras me quedo en el centro de aquel recinto, con los brazos colgando hacia adelante y balanceándose como si el viento los meciera. El cabello blanco caía en parte sobre mi espalda y las alas de la armadura, mientras que algunos mechones caían hacia adelante. El flequillo blanco, largo hasta la nariz, formaba una pared en mi mirada ocultando mis ojos. Ligeramente inclinada hacia adelante con una sonrisa macabra y divertida curvando mis labios mientras aguardaba a que mi “hermano” me “dignara” con su presencia.

Off: Jo, empiezan mis maldades :3

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Aiacos

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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Mar Feb 07, 2012 5:03 am

Aquel néctar dulce, del color de la sangre, bajó suavemente por su garganta, haciendo disfrutar su paladar. En su apoyadero, el ave se agitó un poco, pero continuó alimentándose del pedazo de carne que se le había sido ofrecido. La curiosidad invadió por momentos los ojos ámbar y crueles del segundo Juez del Averno, antes de que una suave sonrisa, entre elegante y suavemente macabra se dibujase en sus labios. Con una pierna sobre la otra, en una pose cómoda, se dedicó a mirar a su "hermana" como si desease traspasarle cuerpo y alma.

- Hablando de pájaros...mi canario favorito viene a hacerme una visita.

Su sonrisa se ensanchó más y se levantó del trono en el que estaba sentado, acortando distancias para con la Jueza de Griffo. Encarnar en un cuerpo de mujer. No sabía si le resultaba gracioso o grotesco, proviniendo de su hermano. Finalmente, se quedaron cara a cara, y el de cabellera azabache sujetó el mentón de la mujer, no sin cierta posesividad, pero con un aire igualmente juguetón. Lentamente, acercó sus labios, y la punta de su nariz, a los de ella.

- Me extraña que, precisamente tú, venga de visitas por aquí. ¿Te has perdido, acaso? - Profirió, en un susurro sarcástico antes de soltarle, como si aquel acercamiento no se hubiese producido jamás.

Su casco reposaba en un apoyabrazos del trono, por lo que los helados vientos del Cocytos que lograban colarse por algunas zonas agitaban su rebelde cabello negro como la brea.
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Minos
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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Mar Feb 07, 2012 8:33 am

Me balanceaba sobre mis pies como un junco mecido por la brisa. No escuchaba demasiado las palabras que decía aquel juez que se encontraba sentado frente a mí con el porte de un rey orgulloso. Pff… hacia mucho tiempo yo también había sido un rey…

Sin poder evitar torcer el labio en una mueca cuando me llama canario levanto apenas la vista para mirarlo por entre el flequillo.

-Si tal vez, estaba aburrida en la percha…-

Sin poder evitar el tono levemente sarcástico permito que tome mi mentón, aunque no comprendía demasiado que era lo que estaba haciendo, no le prestaba demasiada atención al contacto pero si a la expresión de su rostro.

Dibujando una sonrisa macabra en mis labios los abro y cierro para hacer sonar los dientes en una mordida. Podía ser un “canario” según mi hermano pero el canario mordía si se lo molestaba demasiado, aunque estuviese loco.

Me hago sonar el cuello cuando me suelta, comenzando a caminar lentamente a su alrededor, un poco mas derecha pero con los brazos fláccidos delante mío. Encogiéndome de hombros ante su pregunta.

-Tal vez… Estaba aburrida y camine… y mira… llegue al zoológico. ¿Puedes creer que nuestro Amo tenga uno en el inframundo? Esta llena de criaturas exóticas y en peligro de extinción… especímenes únicos… -

Manteniendo la sonrisa en mi rostro camino hacia el trono donde el estaba sentado. No me molestaba en lo absoluto si se enfadaba o no. Con calma me siento sobre el mismo, cruzando una pierna sobre la otra, tomando el casco que el había dejado allí descansando.

-¿Y Cual es tu trabajo aquí? ¿Haces espectáculos con las aves…?-

Le consulto en tono divertido, observándolo a través del flequillo, con una sonrisa medio burlona en el rostro.

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Aiacos

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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Mar Feb 07, 2012 10:07 am

Claro... Aburrida. Todos sabían lo que hacía Aiacos cuando se encontraba aburrido. Quemar o torturar algún soldado raso, o algún alma desesperada. Ya no tenía, en eses momentos, a su Behemot para divertirse como era debido. Y sus hermanos solían ser unos aburridos. Especialmente Wyvern.

El chucho faldero de Pandora, sobre todo. Qué vergüenza. Y ahora le lamía, descaradamente, las botas a Hades. No es que Garuda no fuese fiel a su Señor. Pero al menos no se rebajaba tan indignamente. Un rey seguía siendo un rey, aunque su señor fuese un dios. Opinaba que había maneras y maneras de ofrecer lealtad. Y no compartía las de la actual Wyvern.

Observó, en silencio, como su hermano, ahora hermana, se sentaba en el trono que era para él. En otro momento pudiese haber estallado en furia, pero no ahora. Se encontraba demasiado entretenido y divertido con esa locura cuerda del Griffo.


- Pues tal parece que el señor Hades tiene mejor entretenimiento. Nuestra lagartija del bajo mundo sigue igual de estrecha que en todas las eras. - Contestó, no sin cierto desdén en su tono de voz.

Todavía con la copa en la mano, se la ofreció a la Jueza de Griffo. El aroma dulce del vino se mezclaba con el de la sangre que se había derramado instantes atrás, aderezado con ese sutil aroma de las llamas negras de Aiacos. Si había alguien comparable en sadismo a la albina, ese era Garuda.

Se apoyó éste, pues, en una columna colindante, cruzándose de brazos mientras observaba a la mujer, con una mezcla de altivez e indiferencia entremezcladas en aquellos orbes ámbar como la miel.

Sonrió quedamente.


- Me ofendes, mi pequeño ruiseñor. Te recuerdo que el que suele dar espectáculos eres tú. Se te da muy bien mover eses hilos. Aunque no sean tan efectivos como quisieras, ¿verdad? Sea como sea... Esta Guerra Santa seguro que será tan o más divertida que las demás. - Respondió, con una clara pero sutil sorna en todas y cada una de sus palabras. Se sopló ligeramente el flequillo, antes de continuar en lo que se separaba de la columna y se acercaba a quien ahora "invadía" su trono.

De hecho, la cogió del brazo, con firmeza y la suficiente agilidad como para que aquella copa no se derramase en lo absoluto. Seguidamente, fue él quien se encontraba sentado en su lugar por excelencia. Y la de Griffo en su regazo.

Había una sonrisa burlona y provocativa en los labios de Aiacos.


- ¿Y qué hay de tí, titiritera? Que ni siquiera eres un ave, solo un símil híbrido que no tiene la grandeza del Rey. Has perdido tu porte... - Siseó a su oído, de manera más maliciosa e hiriente. - ¿Cuál es tu trabajo entonces, bastardo de los cielos? ¿Hacer espectáculos de titeres baratos para los demás?

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Minos
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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Mar Feb 07, 2012 10:58 am

Con calma balanceaba la pierna que tenia sobre la otra mientras movía el casco de mi Hermano sobre mi falda. Sentía la mirada del animal que estaba al lado mío y de aquel juez que se creía un rey.

-¿Tu dices? Yo la veo bastante grandecita como para ser estrecha, además ¿por que el Amo tendría una lagartija a sus pies? Seguramente seria mejor tener un león o un lobo. Las lagartijas son pequeñas para espiar y escabullirse donde nadie las ve, en cambio un animal mas grande, como un ave de rapiña, es mas difícil de ocultar en el caso de que necesites espiar o ver a alguien.

Comienzo a murmurar nuevamente, palabras sin coherencia ni conexión. Mientras continúo jugando con su casco. Veo el movimiento. Lo observo y acercarse con su copa. Me sonrío divertida, tomándola entre las manos y dejando el casco.

Le llevo a mis labios, relamiéndome y disfrutando del aroma particular que aquella copa tenia, algo que solo a mi hermano podía gustarle. Antes de que el fino cristal toque mis labios abro la boca para tomar y luego le devuelvo la copa.

-Gracias pero no me gusta el jugo de tomate… Prefiero de zanahoria o de espinaca. A lo sumo de remolacha pero el tomate no me gusta, tiene muchas semillas…-

Le digo levantando su casco en el aire, sin usar las manos. Por un instante unos finos hilos se reflejaron para mostrar que era eso lo que lo sostenía y lo hacían bailar como a un títere.

-¡Gracias! – Le sonrío – Se que se me da bien mover los hilos, creo que hago un trabajo estupendo haciendo bailar a tu casco. ¿No crees? Podría hacerte bailar a ti o a tu cacatúa que esta al lado mío pero no tengo ganas, es más divertido con algo que no chilla ni hace ruido. ¿Sabes que los chillidos retumban en los templos? Es como tener un coro de puercos dentro del juzgado y eso me aburre. – Lo observo de reojo - ¿Otra guerra santa? ¿Es que no se cansan? No comprendo como va a hacer Hades para pelear si tiene un zoológico…-

Suspiro al sentirlo tomar mi brazo y sentarme en su regazo. No entendía por que la gente tenía esa rudeza para hacer las cosas en vez de pedirlas. Meneo la cabeza mientras continuo danzando su casco, balanceando las piernas a los costados de las de el. Encogiéndome de hombros ante su comentario.

-Es que no soy un ave, soy Minos. Tú eres Zazu y yo soy Mufasa. No soy un hibrido soy un mamífero y si soy un Rey, mira que domino la Roca del Rey y a los demás… y tu eres mi mayordomo… - Me sonrío unos momentos, antes de mirarlo de reojo de manera seria ahora. Enfocando la mirada en el durante unos instantes – Mi trabajo es ser Juez “hermanito” y lo cumplo como siempre he hecho… - Le digo en tono frío, antes de volver a sonreírme y perder la mirada en algún punto de su casco – además los espectáculos son divertidos. Por lo menos yo no hago barbacoas cada vez que tengo un capricho, simplemente uso a la gente como un títere. ¿Sabes que los títeres de trapo no son tan divertidos como parecen? Es decepcionante, aunque me gustan los que son de calcetines…-

Continúo divagando para mi misma en un susurro apenas audible, moviendo mis dedos para poder mover el casco que colgaba en el aire delante mío, volviendo a ignorar al juez.

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Aiacos

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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Mar Feb 07, 2012 12:28 pm

- Pero también son frágiles. - Acotó a lo primero, esbozando una suave media sonrisa.

Dejó que Minos se acomodara en su regazo, y que jugase con su casco todo lo que quisiera. Poco le importaba. Conocía al demente de su hermano como la palma de su mano, como cada resquicio de su barco. Eso sí, la cara de póker de Aiacos fue totalmente épica cuando la mujer hizo la comparación entre Mufasa y Zazú. Incluso se permitió enarcar una ceja, ante ella, con extrañeza y, acto seguido, negar con la cabeza, en un gesto tremendamente resignado.

Era la última vez que dejaba ver ese tipo de películas infantiles a su hermana. Ya bastante trastornada estaba como para, aún encima, motivarla más al respecto.


- Pues a mi te me pareces a Pinocho, qué quieres que te diga. Eres el títere de tu propio titiritero. Alguien que quiere ser más de lo que realmente es. Aún así... Ambos somos Reyes, aunque a ti te corroyese la envidia de que, en la era antigüa, Radamanthys fuese más popular que tú en Creta. - Dejó caer, como quien no quiere la cosa. Sonrió y le apartó una hebra albina de cabello a quien aún tenía sobre su regazo, antes de, acto seguido, estirar una mano para volver a hacerse con el casco de su Sapuri. Estaba tranquilo, y las provocaciones de Minos no parecían afectarle en lo absoluto. Totalmente al contrario, le hacían extrema gracia.

Eso sí, no se le pasó desapercibido el brillo por fin cuerdo, aunque fuese por unos momentos, que despidieron los ojos de la Jueza.


- La misma función, entonces. Pero al contrario que tú, yo soy Juez y Rey, no me he olvidado de la última parte, afortunadamente. - Finalmente, sonrió, siguiéndole el juego a la de Grifo. - Mírale el lado bueno, tenemos variedad. Un zoológico de aves y un manicomio donde el Rey... - Remarcó especialmente la última palabra. - ... de los locos está ahora mismito sentado cómodamente en mi regazo. ¿Y bien, Minos? Nos conocemos... Aparte de venir a intentar tocarme las narices, insultar mi bodega y decirme que vivo en una pajarera... ¿Qué quieres?

En este punto, toda sonrisa de Aiacos se había esfumado de su rostro, mirando con fijeza y seriedad los ojos y el rostro femenino de Minos.
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Minos
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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Mar Feb 07, 2012 12:55 pm

No prestaba atención a las puyas de su hermano. Sabia como era y realmente le daba lo mismo lo que pudiesen decir de ella. Solamente le importaba lo que Hades decía y nada más que eso.

-Pfff … Pinocho…- Dejo escapar un bufido – Para tu información hermanito ya soy real y soy una nena, no un nene. Y muy real. Además no creo que exista esa hada que lo convirtió, pero si tal vez Pepe Grillo. ¿Tenemos a Pepe Grillo en el zoológico? – Le pregunto mirando, antes de volver la vista al casco – Además, mi amo es mi amo. Si el dice que soy un títere ¿Por qué no serlo? Tu eres un tucán mayordomo y eso nadie te lo discute. – Me encojo de hombros ante su comentario por el pasado – Ay hermanito, ¿es que no conoces el refrán? Hakuna Matata, no te angusties. Deja el pasado atrás. Puede que le tuviese envidia, aunque no lo recuerdo. La senilidad y el tiempo que uno lleva muerto hacen estragos en la memoria de alguien. Y si le tuviese envidia no se, tal vez fuese por que lo vi desnudo en algún momento y la tenia mas grande que yo. ¿Realmente piensas en esas cosas todavía? –

Le pregunto frunciendo el ceño a través del flequillo. No le daba mucha importancia a lo que había ocurrido en el pasado. Lo importante era el presente que se vivía y el futuro que se podía vivir.

-No, no eres Rey. Eras rey, ahora eres mayordomo. Además no te vanaglories con el pasado. Ahora eres juez, si fueses rey estarías reinando y no lo haces, eso lo hace el Amo. Y yo fui rey, y soy Rey. Las hienas me tienen miedo y tengo un rugido poderoso, y mi hermano planea matarme… - Lo miro fijamente, enfocando la vista de nuevo. Acercando mi rostro al suyo con expresión siniestra. Antes de tomar su mentón dejando mis labios a centímetros de los suyos. Clavando mis ojos ámbar en los de el, con mirada desquiciada - ¿Planeas matarme hermanito? Ten cuidado por que a Scar le fue mal intentándolo y tus aliados pueden traicionarte. Y tú terminarías siendo solamente una “Scar” en el pasado…-

Le susurro con tono frío, demostrándole que no jugaba ahora. Quedándome unos instantes así antes de sonreírme de manera desquiciada y darme vuelta en su regazo para quedar frente a su pájaro, imitando su forma con las manos.

-Bueno pues nos falta el prostíbulo y un pizza libre. Aunque tal vez un cine porno seria mas entretenido, pero el porno es aburrido, las eróticas tienen mas trama. Y con respecto a las empanadas… ¿Sabes lo que habría que cocinar para toda esta manga de desquiciados? Demasiado trabajo, tiene que ser algo mas practico. ¿Tenemos un rey Loco? – Me sonrío emocionada - ¿De verdad? ¡Quiero conocerlo! Debe ser divertido hablar con el. – Observo su regazo y lo miro a el nuevamente – Oye… ¿Tienes un amigo imaginario? Por que aquí estoy solo yo, a menos que seas tú el rey de los locos…-

Vuelvo a imitar la forma del ave, antes de desistir al ver que no lo logro cuando escucho lo que dice. Observándolo por sobre el hombro con una expresión inocente en el rostro.

-¿Qué me trae? Ya te lo dije, estaba aburrida y empecé a caminar y llegue aquí. ¿Tienes una bodega? ¿Por qué yo no tengo una bodega? Y bueno…esto es una pajarera, mira todos los chuchos que tienes aquí. No me lo puedes negar. ¿Acaso necesito un motivo para venir a verte? Y yo no te toque la nariz, tú me la tocaste con la tuya cuando me saludaste, así que no me eches la culpa…-

Le digo en tono ofendido por lo ultimo, antes de recostarme sobre su regazo, colgando las piernas sobre su brazo, cruzándolas una encima de la otra y apoyando la cabeza en el otro, con las manos sobre mi abdomen trenzando las puntas de mi cabello blanco desparramado.

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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Mar Feb 07, 2012 3:01 pm

Definitivamente, era la última vez que dejaba que Minos viese ese tipo de películas. Y creo que añadiría también, a las prohibiciones, el que comiese esas comidas basura después de la media noche. Aiacos no contestó a ninguna de las provocaciones y locuras de su hermana, solo se dedicó a contemplarle fijamente, incluso con el ceño algo fruncido. Como si quisiera discernir cuando hablaba en serio y cuando estaba delirando.

Aunque para algunos le pudiese parecer clara esa diferencia... No era tal. Con Minos nunca se sabía. Finalmente, suspiró.


- El Rey loco eres tú, mi estimada hermanita. O Reina, actualmente. La loca mayor, la jefa del cotarro del manicomio ese raro que tienes en tu cabeza. Seguro que tus súbditos están tan majaretas como tú. Y eso no me agrada. - En serio... ¿con qué pedrusco se había golpeado Minos al nacer? No recordaba que antes fuese tan... tan... En fin, tan eso.

Apoyó Aiacos una mano sobre la cabeza de la Jueza, acariciando levemente las hebras de sus albinos cabellos apenas con las yemas de los dedos. Talmente como si fuese una niña pequeña. Su niña, en cierta forma. Porque nadie más le tocaba la moral a Minos que no fuese él. No es que sintiese pleno aprecio por su hermana, pero Aiacos tenía un grado de posesividad muy arraigado, muy profundo.

Fue entonces cuando una ligera descarga en su armadura hizo que se tensase, y seguidamente, su mueca se tornó totalmente seria cuando el llamado del Dios del Inframundo retumbó en su cabeza. Sonrió de manera muy ligera. Al final parecía que la acción pronto comenzaría. O eso esperaba. Apenas acarició, o arañó, la mejilla de su hermana con uno de sus dedos, buscando el que manase sangre. Deliciosa vitae, ese carmesí que tanto le agradaba ver.

De repente se levantó, sin quitarse a Minos de encima, provocando el que, quizás, la mujer se cayese al suelo, mientras el propio Aiacos se sacudía las manos, como quien se quita un pedazo de basura de encima. Tomó el casco con la diestra, y se lo puso sobre la cabeza, provocando que parte de su flequillo cubriese su mirada ámbar.


- El jefe nos llama. A lo mejor nos encarga algo de diversión.

Comentó, con una sonrisa que comenzaba a tornarse divertida y depredadora. Sus pasos, resonando el eco metálico, no tardaron en alejarse del salón del trono de Antenora, rumbo a Giudecca.
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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Mar Feb 07, 2012 3:30 pm

Frunzo el ceño al oír que me dice loca. El muerto se reía del degollado, pero estaba bien. Prefería que pensara que estaba loca y no todo lo contrario, aunque de cierta manera si lo estaba todavía razonaba lo suficiente como para complicar la vida de los demás.

-Ah eso es muy malo de tu parte Hermano… es de mala educación decirle a alguien que esta loco. Y yo no estoy loca, estoy mas cuerda que tu. Y mis súbditos no están locos. ¿Cómo crees que podría dormir con locos sueltos por ahí? No señor, están cuerdos y son muy útiles, si no lo fueran terminarían mal, aunque no como los tuyos…-

Continúo balanceando las piernas sobre su brazo, dejando que me mime. A pesar de que competíamos todo el tiempo no nos llevábamos realmente mal y el me caía bien. Era divertido pasar el tiempo con el juez emplumado.

Un escalofrío me recorrió la columna al sentir el llamado de mi Amo. Suspiro, los dioses eran inoportunos siempre. Ahora que estaba divirtiéndome venían a interrumpir.

Cuando el se levanta dejándome caer, me dejo resbalar y apoyo ambos pies en el suelo, extendiendo los brazos como si acabara de finalizar una pirueta peligrosa.

-¡Taran! – Frunzo el ceño – Eso fue malo hermano… y fue ofensivo lo de no divertirte. Te has puesto viejo y cruel…-


Le digo antes de caminar atrás de el, tomando su mano. Siguiendo su ritmo como si fuese un niño pequeño que sale a caminar con su hermano mayor, dirigiéndonos al templo del amo.

Cantando por lo bajo una canción de dibujos infantiles.

-En nuestro patio hay un mundo, por explorar… Amigos tuyos Backyardigans…-

Off: Lo de la música que canta es para Alex, así ves que no me voy a poner en huelga si me haces mirarlos Razz

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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Lun Feb 27, 2012 7:17 am

- P-Por favor, señor Aiacos... P-P-Perdóneme la... ¡¡¡GYAAAAAAAARGGHHHH!!!

El espeluznante y doloroso alarido se escuchó no solo por todo Antenora, sino por todo el Cocytos. Un cuerpo calcinado cayó, como un saco de cemento, ante la entrada a Antenora, donde el olor a chamuscado comenzaba a invadir el umbral. Los ojos desorbitados y cargados del más puro terror se exhibían en sus cuencas quemadas. Seguidamente, los metalizados pasos pronto fueron los que tomaron presencia y protagonismo en el interior de Antenora.

Su señor había llegado, era innegable.

Envestido todavía por su Sapuri, donde las alas estaban parcialmente destrozadas, y la mirada oculta por la sombra que tanto su casco como su flequillo le proporcionaban, Aiacos avanzó hacia las salas interiores y privadas, tras dejar bien claro que no debía ser molestado bajo ningún concepto. Y sus soldados bien sabían a lo que debían atenerse si algún desdichado osaba interrumpir el descanso o meditación del Juez sin su permiso.

Una vez llegó al destino que él esperaba, los portones se cerraron de par en par, y el cuerpo del señor de Antenora fue despojado de la Sapuri, quien retornó a la forma del ave mitológica hindú al lado del trono que al pelinegro le pertenecía por derecho. Cubierta ahora de la sangre de su portador y rodeada por negras flamas, guardaba reposo para irse, poco a poco, regenerando y retornar todo su poderío y dureza.

La desnudez fue su único y actual atavío mientras se dirigía a una zona con termas que poseía en su templo. Tras haber echado a las doncellas, Aiacos se introdujo en el agua caliente, hirviendo, donde sus heridas se limpiarían y su mente se iría aclarando poco a poco. Todavía podía notar el sabor de la sangre que bajaba de la brecha que tenía en la frente.

Tenía muchas cosas en las que pensar... Y esperaba no ser interrumpido.
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Anniken
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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Mar Feb 28, 2012 5:05 am

Un grito de dolor fulminante fue lo que la había redireccionado a ese lugar, la morbosa y fuerte curiosidad, con su caminar elegante y orgulloso acompañaba con el rítmico sonido metálico de la armadura que la cubría. Y el olor a carne quemada era tan penetrante que le molestaba. No era el de una carne deliciosa para comer, sino más bien, era como estar quemando basura, un aroma pútrido y asqueroso que incluso se filtraba por su máscara.

-Apenas llegue al castillo de nuevo, tomaré un largo baño – Pensó para sí mientras seguía caminando cerca de segunda esfera de la octava prisión.

Había salido del Castillo Heinstein, ya que estaba aburrida de andar encerrada en tanto lujo germánico. Estaba acostumbrada al lujo y a la belleza, pero sencillamente, lo alemán no era para ella. Quizá algo interesante pudiese encontrar en el trayecto, después de todo, nunca había estado en el inframundo teniendo plena conciencia de ello. Aunque ya estaba aburrida de ver muertos en cada esquina y a donde alcanzara la vista, castigados de distintas formas según la gravedad de sus acciones en vida.

-Supongo que, próximamente me tocará estar en el Cocytos otra vez, si es que de aquí mismo no me sacaron. –Ironizó internamente, en lo que frente de ella se levantaba la entrada de Antenora, pero más que su blanca e imponente arquitectura, lo que más llamó la atención fue aquel cuerpo chamuscado, que estaba siendo dispuesto por un guardia y este se percató de su prescencia.

-¿Eh.? ¿Usted quién es y que hace aquí? –Le preguntó algo receloso el soldado, ya que quedaba viéndola de pies a cabeza.

-Young Mi, antiguo Santo de Piscis de las huestes de Athena, sapuris al servicio del Amo Hades. –Respondió con su refinada y dulce voz, aunque cargada de imperio y simpleza, mientras seguía caminado hasta la puerta principal, dando el nombre de su hermana como le era costumbre.

-¡Aun no me responde que hace aquí! ¡Oiga! ¡Espere! –Muy tarde, la corana ya había entrado al Antenora, ignorándole de forma olímpica. –¡Oiga usted remedo de guerrero, el señor esta descansando y no debe ser interrumpido! ¡¿ME ESTA ESCUCHANDO?! –Gritó exasperado por la falta de atención de la pelinegra que se estaba adentrando sin saber, al área privada de la Antenora, atraída por las esculturas y decoración. Más aun cuando vio una repisa con libros que parecían ser muy antiguos. Rogando a los dioses que no estuviese en alemán.

Pero ese remedo de soldado ya la sacaba de quicio, estaba abriendo la boca para gritarle otra vez. Hasta los aprendices del santuario saben como comportarse ante un superior que se puede convertir en amenaza. Un soldado más, uno menos, nadie lo notará.

-Tu señor esta descansando, así que has silencio –le advirtió con voz monocorde, pero el insensato volvió a abrir su boca, y no paso mucho para que una rosa roja se clavara en medio del pecho de aquel desafortunado. Este solo vio la rosa incrustada y al dar dos pasos hacia atrás, ya le estaba haciendo compañía a las desdichadas almas que moraban el Hades.

Solo tomó el primer libro que divisó y mientras caminaba por los pasillos de la zona interna del templo de la segunda esfera, leía el viejo ejemplar: Vinum Sabbati, de Arthur Machen.

Aquel libro parecía más bien, una copia de los borradores o dela obra original que hubiese querido publicar realmente el autor, detallando cada pecado, cada razón, cada vicio, a causa del vino del Sabbat. Fue entonces que cayó en cuenta que se había adentrado tanto en el templo, y que curiosamente nadie estaba por ahí, no había mayor ruido que el crepitar del fuego que iluminaba el pasillo. Era suficiente aventura exploratoria por hoy.

Abrió uno de los grandes portones esperando encontrar algún criado para dejar el objeto que llevaba en sus manos y poder marcharse sin problema o molestia alguna. Más le valía haber regresado por sus pasos o desde un principio, no dejarse llevar por el aburrimiento y la curiosidad.

El olor a sangre, mezclado con el calor del agua hirviendo pegó directamente en sus fosas nasales, había llegado a las termas del templo. Esperaba que el calor fuese suficiente para que no se apreciara el aroma a rosas que siempre despedía. Lo peor del asunto, fue ver a un hombre algo lastimado en medio de las termas, donde ciertas pequeñas partes del agua cercana a él es tornaban rojas, si relacionaba todo y encajaba piezas, ese hombre era…

Suspiró calladamente detrás de su máscara. Estaba metida en un buen lio y era hora de salir de él.

-Que irónico haber encontrado unas termas cuando pensaba en llegar a "casa" a tomar un baño-
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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Mar Feb 28, 2012 3:29 pm

Lentamente el agua se iba tiñendo de un color escarlata. Las heridas que había recibido eran de consideración. No solo la brecha en la cabeza, de la cual aún podía saborear la sangre cayendo. Una enorme quemadura, casi en forma de extraña media luna, se había adueñado de uno de sus brazos izquierdos, donde la sangre no manaba debido a la naturaleza cauterizante tanto del ataque como el posterior tratamiento de Aiacos, en esa zona, con sus propias llamas. Aún así, no desaparecería, y sería una marca más en su cuerpo.

Los ojos ámbar, ocultos tras el mojado flequillo, parecían mantenerse fijos en algún punto indeterminado del lugar. Su cerebro, su mente, era una olla en ebullición que pareciese que fuese a explotar, con todo su vapor, en cualquier momento. Arrugó el entrecejo cuando percibió gritos y ruído en los exteriores de aquella zona privada.

Creía haber dejado bien claro que no quería que nadie le molestase, y aquel idiota se estaba ganando un viaje de ida sin retorno a una de las prisiones del Inframundo. O aún peor: ser consumido por las llamas de Garuda.

En otro órden de cosas, a medida que la mujer avanzase por el recinto de Antenora, podría observar una decoración sobria y elegante al mismo tiempo. Se notaba a leguas que las estatuas y tapizados de la zona pertenecían a la nobleza, a la realeza más bien y, a su vez, no eran demasiado ostentosos. Los laterales estaban decorados con diferentes estatuas, sobre todo de aves, tanto reales como mitológicas y, más allá, donde un trono, ahora vacío, se encontraba, una imponente águila real descansaba sobre la zona más alta del respaldo.

El portón que la mujer abrió, el que conducía a las termas, estaba finamente tallado en el metal, donde el gran pomo representaba el pico dentado de una Garuda, al igual que el rostro y los abominables ojos. En cuanto las hojas de grueso metal se abrieron, el vapor se escapó ligeramente, y Aiacos apenas alzó la cabeza cuando escuchó tal ruído.

Los ojos se le entrecerraron ligeramente y apenas un iris ámbar, repleto de sadismo y molestia, se dejó asomar por entre el cabelllo mojado. Una mujer...

Se relamió ligeramente, mientras miraba con sumo interés cruel a la fémina que había interrumpido su descanso.


- Juraría que había dado la órden de que nadie me molestase... - Comenzó a decir, con un tono de voz grave e imponente pero, a su vez, venenoso como el de una serpiente, mientras clavaba su mirada sobre la inesperada visita. - Pero veo que se me terminan colando ratones... - Murmuró, mientras el agua empezaba a borbotear ligeramente, señal del cosmos ardiente del Juez de Antenora. Aún así, nada más sucedió, en lo que Aiacos ignoraba como el agua continuaba siendo teñida de su sangre. Le tiraban las heridas producidas, pero ahora tenía algo con lo que distraerse.

Sin más, se levantó, antes de que una nube de llamas cubriese su cuerpo por apenas durante unos segundos, los suficientes como para que unos pantalones cubriesen sus partes íntimas, dejando el torso mojado al descubierto, donde se apreciaban, aún, viejas cicatrices y nuevas. Sin reparo alguno, se acercó a la mujer, a pasos lentos pero seguros.


- No eres de los 108... - Meditó en voz alta, con los ojos entrecerrados, mientras rememoraba las esencias cósmicas de cada uno de los Espectros que le habían acompañado en diferentes reencarnaciones. Se relamió un colmillo. - ¿De qué agujero te has escapado, ratoncita?
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Anniken
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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Miér Feb 29, 2012 3:42 am

El vapor empezaba a desaparecer de a poco, dejándole apreciar mejor la figura del Juez de Garuda que parecía recientemente salido de batalla, con una herida de consideración sobre su cabeza y una quemadura de extraña forma de media luna que tenía en su brazo. Y las aguas borboteando arrítmicamente gracias al cosmos del Aiacos, que a pesar de ello, su lengua venenosa comenzaba con las primeras asestas, que ella ignora como si él se estuviese dirigiendo a otra persona.

Pero sigue de cerca sus movimientos, lo nota ajeno al dolor de sus heridas, y el brillo molesto y cruel que destilaban el iris de sus dorados ojos al mirarla. Ya no podía despegar su vista a la hermosa y sobria decoración del recinto, que despertó su curiosidad y despertó el intento vano de encontrar otro camino por el cual regresar. Especialmente ahora que se dirigía a su dirección con pasos lentos y usando apenas unos pantalones, que dejaban descubierto aquel torso trabajado, cubierto no solo por las gotas de agua sanguinolea que escurrían por su cabellera y su piel, sino también por varias cicatrices.

Eso llamó bastante su atención, ella en toda su vida había logrado hacerse una cicatriz, la única que luciría si no llevase su armadura, una línea color apenas más blanquecina que su nívea piel que atravesaría su muñeca de un extremo a otro, que alguien que no le prestara mucha atención siquiera notaría que existe, producto del maldito ritual venenoso de Piscis.

Pero el espectro a volver a hablar, más para sí que para ella lo hizo aseverando que no era una de las 108 estrellas malignas de Hades. - ¿Recién lo nota? –Pensó algo exasperada, mientras acercaba el libro a su pecho que inconscientemente al percatarse de no estaba sola, en un ademán sobrio.

-Supongo que de alguna de las tumbas vacías del Cocytos –Encogiendo los hombros grácilmente como si quitara algún peso mayor de sus palabras -, sin escapar… más bien, recibí la invitación del Amo Hades para tener una nueva vida, que me ayudara a interrumpir la monotonía de la muerte.

Puso algo de distancia adicional entre ella y el juez, caminado selecta y bella, no le gustaba la cercanía de los desconocidos, menos si estos eran hombres, y hablaba con su delicada voz, de la cual las musas Aeda y Melpómene se sentirían con cierta pizca de envidia.

-Lamento si mi intromisión interrumpió su merecido descanso, pero como se habrá dado cuenta, detesto lo monótono, así que heme aquí frente a usted por un lapsus de curiosidad y fascinación ante la inmensa colección que se presentó a mis ojos en el recorrido por su recinto. Le reitero mis sinceras disculpas. -Hizo una corta inclinación a modo de disculpa al estilo oriental, aun no dejaba sus raíces por mucho que terminó de educarse en occidente. -Pero le pido reconsiderar compararme con los roedores, no entiendo...su por qué de compararme con aquellos pequeños seres con los que tengo poco o nada en común ¿Así trata a sus visitas inesperadas el señor de Antenora? ¿Dónde queda la cortesía del anfitrión?

Listo, lo había dicho, por mucho que intentó controlar su lengua, fracasó estrepitosamente, no le hubiese importado que le llamara de cualquier forma, incluso que le insultaran, pero encontraba más que desagradable que la compraran con aquellos seres, su vanidad se sentía herida, prefería ser mil veces comparada con la plaga de un jardín.

La que envestía la sapuris de Piscis estaría maldiciendo a su soberbia y su lengua, que la estaban alejando de su objetivo principal, salir de ahí. Seguía observándole, pero aun quedaba anonada por las marcas en el cuerpo de espectro, y maldeciría también a su curiosidad y aburrimiento del efecto que causará todo esto.

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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Jue Mar 01, 2012 6:18 am

¿De las tumbas del Cocytos? Aiacos enarcó ligeramente una ceja, mientras permanecía, inamovible como un muro, ante la mujer que ahora sostenía uno de los libros de su colección. Una colección que databa de siglos, incluso milenios. Aquella pequeña información le bastó para esgrimir una ligerísima sonrisa.

Era cierto que estaba molesto por lo sucedido con Hades, y lo de la isla Kanon. Pero un poco de entretenimiento, no venía mal. Sin reparo alguno, no dudó en tomar el mentón de aquella mujer de hermosos rasgos. Y aunque pudiese parecer lo contrario, no lo hizo de forma brusca, sino que parecía, incluso, haber un deje de galantería y cuidado en aquel gesto.


- Oh... Así que una ratoncita dorada... - Si algo que Aiacos no conocía, en cierta forma, era el comedimiento. No se cortó un pelo en volver a llamarla de esa forma, intuyendo que, después del reclamo que la mujer le había dado, le molestaría el que le nombrasen como un roedor.

Tras eso, la soltó y la rodeó, tal cual si estuviese observando una interesante pieza de colección, antes de pasar de largo de ella y abrir la puerta que conducía a otra parte de las estancias privadas, dejando que parte del vapor saliese por ahí, lo que provocó que una agradable sensación surgiese entre el calorcito de la terma y la frescura que provenía de la siguiente habitación.


- No hay cortesía en el Inframundo, mujer. Y, ahora que lo pienso, todavía no me dices tu nombre. Pero... disculpa mis malos modales. - Mencionó, mientras hacía, una divertida pero caballerosa inclinación, con una mano en el pecho y la otra tras la espalda - Aiacos de Garuda, ese es mi nombre. Aunque supongo que este propio recinto de Antenora ya me precede.

Comentó, con una media sonrisa afilada, mientras invitaba, con un suave gesto de la mano, a que la mujer le acompañase.

- Hace tiempo que no recibo una visita como es debido. Y las visitas de Minos rayan mucho en la locura... ¿Te hace una copa de buen vino?
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MensajeTema: Re: ::La prisión de las Llamas Negras::   Sáb Mar 03, 2012 6:03 am

-Encantada acepto una copa –Le respondió con su voz de campanilla –No siempre se puede beber un buen vino con uno de los tres Jueces. Soy Young Mi, antigua amazona dorada de la constelación de Piscis. –Aceptó aquel gesto de Aiacos para acompañarle en la búsqueda del licor mencionado.

Rememorando lo ocurrido, a pesar de la distancia que había puesto entre ellos desde un principio, eso no impidió al Juez de Garuda tomarla del mentón, aunque contra todo pronóstico, con algo de delicadeza e incluso galantería. Young Mi juraría que en verdad el señor de Antenora podía verle el rostro a través de la máscara violácea que ocultaba su cara del mundo. Pero la soltó después de haberla llamado nuevamente roedor, pero en esta ocasión mantuvo su lengua atada firmemente en su boca, de nada le valía reiterarle algo a alguien que no le haría atención a esa petición.

Se quedó quieta durante el escrutinio del espectro, que la miraba como si fuese un adorno y caminaba en torno a ella, solo le seguía con la mirada, como siempre movida por la curiosidad. Se preguntaba como se había hecho las más recientes lesiones, pues no todos los días se ve a un Juez Infernal con heridas de consideración.

El hombre de orbes oro pasó de ella y se dirigió a otra puerta que les llevaba a otro lugar del recinto privado del templo. La forma en como el vapor salía a la nueva habitación daba un cierto toque misterioso a la estancia por conocer. Le fue recordado por el anfitrión que en el inframundo no existe la cortesía, y se presentó formalmente haciendo una venia caballerosa. Recordándole que aun no se había presentado.

Trayéndose de nuevo al presente, ya habiéndose presentado y siguiendo al espectro por la estancia, aunque ella no era de andar hablando o preguntando, de hecho había hablado más de lo que solía hablar durante una semana cuando estaba verdaderamente viva, francamente era una mejoría para su casi absoluta arisca forma de ser.

-¿A qué se debe que las visitas que le hace el señor Minos le parezcan tan peculiares, señor Aiacos?¿él no es el que de entre los tres, tiene el voto desicivo sobre el sentenciado? –Cuestionó en lo que iban de recorrido para eliminar el silencio que no le hubiese molestado antes de morir. Ahora el vapor de las termas estaba ausente, el olor a rosas se podía percibir con mayor facilidad, y en lo que prestaba atención a la respuesta del Juez de Garuda, observaba con detalle cada rincón de la habitación solo con su mirada cubierta por el metal. Salir de Antenora sería más fácil por la puerta principal que a escondidas, creando aun mayor molestia en el herido Aiacos. - Puede usar aceite de rosas para las heridas, son excelentes calmantes y cicatrizantes. -Mencionó al volver a posar su mirar metálico sobre la oscura media luna.

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Perdon la demora

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